martes, 29 de junio de 2010

Parranda de San Pedro: con Rojitas en el cielo y con la furia de sus cotizas en la tierra


Como dice el periodista Marlon Zambrano: “si algo identifica a la Parranda de San Pedro de Guatire, cada 29 de junio, es la presencia obligatoria de Rojitas”. Hace poco más de una semana, cansado, se fue al cielo y se podría decir que adelantó la fiesta pues tras sus pasos la parranda recorrió Guatire y llevó sus restos al camposanto. Fueron alrededor de 80 años formando parte de esta tradición, tantos que la tradición y el hombre se funden en uno solo.
Hoy 29 de junio un homenaje a su legado y al de muchos otros que como Rojitas “se pintaron la cara y el alma de negro” (), vuelve a las calles la parranda de San Pedro de Guatire
“El San Pedro de mi tierra
es un santo milagroso,
juega chapas con los negros
y descubre a los tramposos”
Con los cantos que acompañan la furia de las cotizas y los rostros tiznados los parranderos recorren las calles de Guatire para honrar a San Pedro.

La celebración sampedreña comenzó ayer 28 de junio con su acostumbrada marcha en vísperas de la celebración y recorrido de la imagen hasta la iglesia Santa Cruz de Pacairigua. El encuentro de los sampedreños  en El Calvario inició el velorio para dar la bienvenida al propio día de San Pedro, 29 de junio.
La misa de hoy que inició a las 9:00 da paso al baile tradicional de los promeseros. De allí el abanderado, indicará a los parranderos el camino por las calles del pueblo, mientras bailan, marcando la furia de los esclavos con sus cotizas. Al son de maracas y cuatro entonan coplas alusivas al santo, amigos y conocidos, mientras María Ignacia baila a su hija Rosa Ignacia, como lo prometió desde la época de la esclavitud.
Al mediodía las imágenes de San Pedro y San Juan Bautista se encuentran por las callles de la población. Los cargadores se intercambian las imágenes y hacen reverencia. Los devotos cantan, mientras las imágenes se saludan. Al terminar las parrandas se dispersan para continuar con el recorrido.
Las Parrandas de San Pedro del Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA), 23 de Enero, Valles de Pacairigua, Barrio Arriba, Guatire y la Asociación Civil Grupo Folklórico Santa Cruz; son las que protegen la tradición.

Rojitas, con la historia en la piel
(Extracto de un artículo de Marlon Zambrano)
…Manuel Ángel Rojas, Rojitas para todos, a sus noventa años puede decir con fe absoluta que la historia chica del siglo XX difícilmente puede escaparse de su memoria, por demás prodigiosa.
Rojitas ni se inmuta y cuenta que nació en el Cerro e` Piedra el 24 de mayo de 1915, en medio de una familia de estirpe guatireña y de vocación progresista, siendo su padre Trino Augusto Rojas García el creador de la primera alpargatería del pueblo en 1904, “la que abastecía todo ese barlovento” y terminó patrocinando al equipo de béisbol “los alpargateros”, y que siendo el “maraco” de casa recibió la influencia de sus hermanos, especialmente de Gustavo quien se convirtió en un personaje reconocido en la época tanto por sus aficiones como por su labor social: además de propulsor del fútbol en Guatire fue fundador de una de las primeras estaciones radiales del país llamada La Voz del Éter que emitía su señal desde estos valles en el año 32.
También relata con fascinación el aporte de Juan José Fermín, el maestro de sus primeras letras, a lo que sería luego su regusto por los conocimientos universales, hasta que se interpuso en su vida el Circo como un sortilegio que le abrió las apetencias por la creación, yendo a constituirse, siendo apenas un adolescente de pantalones cortos, en un pequeño empresario de las bambalinas que apenas si llegaba a reunir un bolívar a costo de entrada por sus espectáculos de volatines entre la muchachada de los Martus y los Muñoz, mientras él se desempeñaba como equilibrista, el poeta Borges, quién lo diría, se contorsionaba con elasticidad deslumbrante para la gracia de la concurrencia, Gustavo su hermano se desempeñaba como malabarista, y Teodorito Cuevas hacía las veces de caminador sobre el alambre, y no faltaban las cupletistas en los espectáculos que montaba en los corralones de la calle Bolívar, entre ellas Benigna Serfati y Prudencia Fela. 
Si algo identifica a la Parranda de San Pedro de Guatire, cada 29 de junio, es la presencia obligatoria de Rojitas. Cuenta que desde los 14 años, en 1929 y bajo el dominio de las tropas del Gobierno asentadas en el pueblo por los recientes hechos de mayo y la muerte de Ostos, se sumó a las filas de esta fiesta memoriosa de la mano de Justo “Pico” Tovar, quien venía desde Los Dos Caminos a celebrar su parranda. Desde ese día sólo una vez a lo largo de su vida perdió la oportunidad de celebrar junto a los suyos la fiesta más típica de Guatire, y fue por razones laborales en el 63 y aún así, en un descanso de la faena por los remotos parajes de Caicara del Orinoco, bailó ante la mirada absorta de un público improvisado las décimas al San Pedro. De hecho, fue Rojitas quien para la llamada “coronación” de Rómulo Gallegos en el año 48 y a instancias de Juan Liscano, introdujo a la Parranda de San Pedro de Guatire en el espectáculo cultural del Nuevo Circo de Caracas, eternamente recordado por su trascendencia para el conocimiento de las manifestaciones folklóricas del país. 
Formado en la guataca, cirquero, funcionario público, teatrero, parrandero, son sólo algunos de los títulos que con justos créditos alcanzó este enamorado de la vida errante. Aún no pisaba los 20 años de edad cuando se fue con su talento y su ambición de vivir a Caracas, siguiendo los pasos de Gustavo que para el año 34 tenía un establecimiento comercial en la esquina del Abanico, desde donde comenzó a avistar con curiosidad y pasión a las compañías de zarzuelas españolas que se presentaban luego en el Teatro Municipal y el Nacional donde descubrió su nueva vocación como extra de comparsa, pasando oficialmente a trabajar en el mundo del teatro donde pronto se hizo comediante y accedió, como quien no quiere, al mundo de la farándula cosechando un sinfín de éxitos reseñados por la prensa de la época, que aún conserva en su “baúl de los recuerdos” como pergaminos añosos que le dan verosimilitud a la épica de su vida. Un nuevo vuelco a su existencia se presenta en el año 36 cuando decide partir a La Guaira y hacerse funcionario público, ganar dinero y vivir la domesticidad de un hogar junto a su esposa, con quien contrae nupcias en el 39, y la prole. Pero la vocación pudo más y pronto se vio de nuevo entre telones, compartiendo la vida entre el teatro, la radio y la televisión a partir del 53, donde fue uno de los primeros animadores junto a Gonzalo Veloz en la Televisora Nacional.
El ir y venir culminó finalmente en el año 1992 cuando regresó a Guatire para quedarse, siendo esencial su presencia en el Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco (CEA) o en cualquier fiesta tradicional de Guatire como la del 3 de mayo, que también ha disfrutado con devoción año tras año durante nueve décadas. En ese trajín, es obvio, ha visto partir a muchos cofrades de parranda en su vida de juglar moderno, y recientemente tuvo que despedirse del negro Plaza, otro imprescindible del San Pedro, como quien va dejando hilachas de recuerdos en el camino. Pero no se turba (y esta expresión se prestaría fácilmente para uno de sus chistes) y desde su voluntad de hierro se ve más duro que nunca, más vertical y más feliz. Su hija asienta asegurando que su salud es fantástica, “y si le das piedra, piedra come” y hasta se permite espacio para el amor nostálgico de la vejez. Dice tener una novia, la eterna, que desde los 19 años desvela su sueño y alimenta sus esperanzas. Se llama Rosa, nos confiesa a duras penas para no involucrar a terceros, a la que aún llama por teléfono y con quien se embelesa en las tardes soporosas como quien tiene quince años y está empezando a vivir, y quien ve a Rojitas atrapar un chiste en el aire y convertir un instante en un momento de alegría, sabe que es así: apenas está empezando a vivir.

Los detalles:
·         Un hombre de la parranda se viste de mujer para representar a María Ignacia, y lleva una muñeca negra, quien sería Rosa Ignacia.
·         Los parranderos se pintan la cara de negro para representar el tiznado sobre los rostros de los esclavos que dejaba el humo de las haciendas incendiadas.
·         La parranda evoca la Guerra Federal relacionada con la sublevación de los esclavos. Por los colores usados en los tucusitos, bandera y prendas de la vestimenta de los parranderos: amarillo y rojo.
·         Sumaron a sus alpargatas un cuero para darle sonoridad a sus protestas, con el deseo de pisotear a sus amos.
·         Los hombres visten camisa blanca, paltó, levita negra y pumpá, en representación de la ropa que saquearon a sus amos y llevan un pañuelo rojo o amarillo atado en el cuello.
·         Los niños, llamados tucusitos, tienen un traje dividido en dos franjas con amarillo y rojo, y se colocan un gorrito con los mismos colores y con la misma división.
·         Las mujeres llevan vestidos de flores y una pañoleta atada a la cabeza.
·         La Parranda de San Pedro también se celebra en la población de Cúa de Valles del Tuy, donde adoptaron las mismas costumbres, vestimentas de promeseros y demás elementos de la festividad, apoyados por la Fundación Danzas Tradicionales Marín de Cúa que cumple 20 años llevando las danzas que representan al país.

Fuentes:
Prensa Turismo Miranda
Artículo de Marlon Zambrano en Guatire.org
Grupo Parranda San Pedro Guatire en facebook

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